Apago el móvil. Abro Spotify. Playlist de “Café y Libros”. Nuevo documento de Word. Empiezo.

Lo cierto es que esto no es nada premeditado, no es un propósito para 2016 (que sería lo suyo en estas fechas). No sé ni lo que es. No hay café ni hay libros, lo que os llevará a pensar que la playlist es puro postureo, pero de fondo suena John Mayer y es lo que me vale. Llevo sin hacer esto mucho tiempo, demasiado. Tanto que lo echaba de menos, de ahí que esté delante del ordenador ahora mismo. De eso mismo os hablo, de enfrentarme al papel en blanco.

Pretendía que esto fuese una especie de presentación, pero estoy cambiando de opinión según tecleo. Sin venir a cuento os digo que en pocos días empiezo la carrera que siempre he soñado estudiar. Ya sé de antemano que la pregunta los primeros días va a ser “¿por qué vienes en enero y no en septiembre como el resto de los mortales?” y, cuando conteste, la pregunta que seguirá a mi respuesta será “¿y por qué no elegiste estudiar periodismo como primera opción?”

He respondido tanto y de tantas maneras a esa pregunta que no sé cómo lo haré la próxima vez que la oiga. La versión oficial es que quería hacer dos cosas que me gustaban por igual y encontré la manera de organizarme para que fuese posible sin perder mi nota de Selectividad. Queda bien. Me hace parecer organizada, con determinación y resolutiva. Con las cosas claras, ya sabéis.

La versión que me he contado a mí misma es que estaba hecha un lío, que todos cambiamos terminando Bachillerato, que “quizá no es para lo que tengo vocación, quizá no sirvo para ser periodista, quizá no es lo que me gusta de verdad y me he estado aferrando a que es lo que he querido desde pequeña”.

La versión más fea de contar y de escuchar es que me comieron la cabeza. Que si no tiene salidas, que si el periodismo no tiene futuro, que si cualquiera puede ser periodista, que qué voy a aportar yo, que me busque algo con futuro. Típico. Lástima que no saliese de boca de mis padres. Lo hubiera entendido más y hubiera dolido menos.

En todas las versiones hay un poquito de verdad. También os digo que no me arrepiento de nada y que todo por lo que he pasado hasta llegar a hoy me ha dado innumerables experiencias y lecciones sin las que hoy no sería la que soy. Estoy agradecida por ello.

Que por qué os cuento esto, estaréis preguntándoos. Supongo que quiero que conozcáis un poco mejor a qué os enfrentáis si decidís pasar por aquí alguna otra vez. No se me da muy bien definirme pero puedo asegurar con total garantía que soy un desastre.

Ya lo he escrito al empezar: esto no es un propósito de año nuevo. No es que me quiera proponer escribir más a menudo ni nada así. Es solo que siempre he sentido que tengo mucho que decir. Quiero aprender a sacarlo, a hacer que cuente. No sé deciros qué temática va a tener esto en lo que habéis decidido invertir unos minutos de vuestro tiempo. Escribiré, simplemente. Según lo necesite, según se me ocurra. Sobre la importancia del amor propio o sobre el precio de los limones en el mes de octubre. Podéis esperaros cualquier cosa. Me recomendaron al iniciarse las clases en la universidad que escribiese. Lo que fuese, pero que lo hiciera. También he oído ese consejo de periodistas consagrados. Aquí estoy. Lo hago también por mí. Sé de sobra que escribir me ayuda a crecer y estoy en un momento en de mi vida en la que necesito desesperadamente aprender. Esto tiene que ver con todo el rollo de los estudios que os he contado antes. Siento que mi vida empieza a tomar el rumbo que yo quiero, por fin.

Como ya os he dicho, empiezo a estudiar lo que siempre he querido, lo que sé que me llena y hace que se me ponga sonrisa de idiota al hablar de ponerme delante de un micrófono. Me gusta el periodismo y la profesión de periodista porque te obliga a saber, a estar despierto, a moverte. Es lo que quiero. Estoy deseando empezar.

Voy a leer mucho, que lo tengo demasiado abandonado y me hace sentir que me falta una parte de mí. Hay una persona muy especial para mí que sostiene que no le entra en la cabeza cómo puede haber personas que no lean. Es incomprensible para él que se sientan completos sin un libro en su día a día. No quiero pertenecer a ese club de incomprendidos ni un segundo más.

Estoy viendo películas. Cualquier persona que me conozca mínimamente sabrá que esto para mí es un hito histórico. Tengo una lista de películas imprescindibles que ver. Bueno, tenía. Esta misma mañana la he roto en pedazos. Lo siento señor Scorsese, pero Taxi Driver me estaba pareciendo infumable y he llegado a la conclusión de que la vida es demasiado corta como para ver películas que no te gustan. Supongo que es la filosofía que me voy a aplicar a todo. Voy a seguir viendo películas, por supuesto. A día de hoy mi insatisfacción con mi nivel de cultura audiovisual es, cuanto menos, infinito, así que tendré que trabajar en eso, pero sin caer en la autocomplacencia social.

Voy a coger la cámara más a menudo. Tengo asumido que no soy buena fotógrafa, que en composición soy un desastre y que me gustan demasiado los colores, pero soy más feliz cuando suena el obturador. Y de eso se trata, ¿o no?

Sigo haciendo deporte. Me cambió la vida hace un par de años y quiero seguir viviendo en ese cambio. Quiero retarme y mejorar.

En definitiva, todo esto es para decir que para mí es una época de comienzos. De principios. Siempre me ha encantado empezar. Es lo más emocionante. Quiero que esto también sea un instrumento para seguir creciendo, de la misma manera que lo son los libros, el cine o los km que hago a las zapatillas. Siempre ha sido una manera de cuidarme y mimarme por dentro. Quiero retomarla. Es algo que me llena. Sí, antes de que me preguntéis, siempre he sido así de “intensita” para todo. Para los comienzos, para las despedidas… Os pongo sobre aviso desde ya.

Puede que ya os hayáis dado cuenta de que tengo las cosas mucho menos claras de lo que me gusta hacer creer a la gente. No creo que eso sea algo malo. Me gustaría leer esto dentro de un tiempo y ver un cambio en mí. Quién sabe si entonces Taxi Driver es mi película favorita o si he llegado a correr una maratón. La vida da muchas vueltas y no quiero dejar de ver lo bonito que es vivir girando.

Quiero pensar que empieza una aventura. Quiero pensar que puedo hacerte partícipe a ti que estás leyendo esto. ¿Me acompañas?

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