Más o menos, pero todo el mundo ha oído hablar de Girls. Podríamos definirla como la versión desnatada (y un poco más de barrio) de la archifamosa “Sexo en Nueva York”. Es, sin andarnos con muchos rodeos, una serie sobre un grupo de amigas que viven en Nueva York con las que descubrimos que significa ser mujer hoy. Pero no cualquier mujer y en cualquier circunstancia, no. Lo que significa ser una mujer blanca, joven, heterosexual, de clase media y en Nueva York, nada menos. Sin pretensiones de retratar al género femenino. Sin buscar abarcar todo el espectro existente de maneras de ser mujer en el S.XXI. El objetivo es exponer la vida tal y como la creadora, Lena Dunham, la concibe: sin idealismos, mostrando lo que se ajusta a la realidad, a su realidad, visibilizando aspectos quizá no tan bonitos o comerciales como los que estamos acostumbrados a ver en la televisión y en el cine. Caitlin Moran dio, para mí, la definición más acertada: “es una serie sobre las cosas que las mujeres hacemos pero no contamos”. Olvidémonos de que no abarca a todas las mujeres, porque como ya he dicho, no es su intención. No sé si la serie irá a un target específico pero de lo que sí estoy segura es de que no tiene el objetivo de que todas las mujeres del mundo se sientan identificadas. Y es algo que también me parece bien. No se puede tener siempre la intención de totalidad, de que un mensaje sirva para todo el mundo o que se incluya forzosamente a todos los grupos sacrificando así la verdadera esencia de lo que se quiere expresar. Por poner un ejemplo práctico, en la serie apenas hay personajes negros, o asiáticos. Hay gente que se echa las manos a la cabeza porque no hay integración multirracial pero yo pienso que, si la intención de la creadora es plasmar su vida, su entorno, sus amigos,su ambiente y en todo ello no se incluyen a personas de otras razas, ¿qué problema hay? Estoy muy en contra de la invisibilización de las personas que se salen del “hombre tipo” o la “mujer tipo” en la industria audiovisual, pero estoy aún más en contra de meter la representación con calzador. Si estas buscando representar una realidad y moralmente te ves obligado a incluir elementos que no pertenecen a esa realidad (que no es racismo oye, qué culpa vas a tener tú de no tener un amigo chino) desvirtúan totalmente el mensaje que quieres transmitir. Otra cosa muy diferente es para mí ningunear sistemáticamente a todo lo que se salga del personaje de hombre/mujer blanco, cisheterosexual o del personaje negro (representado como el graciosillo de turno o el delincuente de rigor para que contraste como es debido con el personaje blanco), pero eso ya es otro tema. Aquí estamos para hablar de chicas.

 

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Y es que puede que no para todas las mujeres, pero yo sí puedo decir que lo que viven las chicas en la serie son cosas que, si no me han pasado a mí, le han pasado a amigas mías. Hablo de relaciones sexuales incómodas, imperfectas, alejadas del modelo pasional y sin fallos que nos ofrece el porno o el romántico, dulce y salido del país de la purpurina que nos muestra Hollywood. Todos sabemos que ni de lejos se le parece. Hablo también de la claustrofobia que puede provocar una amistad o el compromiso con tu pareja. Que romantizarlo todo está muy bonito, pero no cuando te interesa contar lo que pasa y no lo que te gustaría que pasara. La serie no solo muestra la realidad que puede vivir una mujer de las características ya mencionadas, sino que también la normaliza. Esa es quizá otra de las claves del éxito (y de las críticas) de Girls, que se normaliza todo. Y con todo, digo todo: sangre menstrual, vello corporal, desnudez, ansiedad, autoestima, comportamientos sexuales fuera del estereotipo, trastornos mentales… Mientras que hay espectadores que se indignan al ver aparecer dedos manchados de sangre menstrual yo digo ¿cómo no se va a normalizar eso si es lo que vivimos todas una vez al mes?, ¿cómo no vamos a normalizar que como mujeres que somos tenemos pelos de toda clase y condición en nuestro cuerpo?, ¿es que acaso no es real mi celulitis, mi barriga “imperfecta” o mis pechos pequeños? Por supuesto que es la realidad, pero estamos tan acostumbrados a verla edulcorada en la televisión que cuando nos la muestran de una manera tan real, tan sencilla, tan ajustada a lo que de verdad es, choca. Estamos acostumbrados a ver desnudos en la pantalla, pero cuando son desnudos de cuerpos normativos, con sus piernas delgadas, su vientre plano y sus tetas redondas y perfectas. Luego aparece Lena Dunham en pelota picada y claro, nos extrañamos. Los hay incluso que se ofenden. No les culpo, es lo que la industria ha hecho con ellos. Por eso, entre otras muchas cosas, Lena me parece un referente como mujer, porque se ha encargado de derribar muros, tabúes, y de mostrarnos su mundo tal y como es, haciendo que muchas de las que hemos visto la serie nos veamos reflejadas en ella. Y no desde fuera, sino siendo partícipe. No se limita a hablar de la normalización de cuerpos desnudos no sujetos a los cánones de belleza actuales, sino que es ella misma la que se desnuda frente a la cámara. En una entrevista le preguntaron que cómo encontraba el valor para mostrarse completamente desnuda ante los espectadores (en la pregunta ya va implícito el hecho de que debes reunir valor para mostrar un cuerpo no normativo en pantalla porque eso te debería hacer sentir avergonzado), y ella respondió que no necesita valor para hacer algo que no le asusta.
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Decía al principio que es una versión un poco más de barrio de Sexo en Nueva York, y digo esto porque se podría extrapolar el modelo de serie, quitando las toneladas de glamour que derrochaban Carrie y compañía y añadiendo fracasos (y de los gordos), historias que no acaban bien y para las que no hay final feliz (porque en la vida esto también es así), personajes imperfectos, egoístas, impertinentes, decepcionantes… Todos esos ingredientes que hacen que no solo me identifique con lo que veo en la pantalla, sino que también entienda lo que hacen los personajes, las decisiones que toman y que hasta pueda prever lo que van a hacer a continuación, por una razón muy sencilla: porque soy como ellos, porque soy el tipo de chica que en los capítulos se retrata. Y como yo, miles de personas se han sentido identificadas y representadas en todas esas imperfecciones que se ven en pantalla, en esos pelos, en esas piernas con celulitis, en esos fracasos y en esas frustraciones. Teniendo muy poca (o ninguna) idea sobre el mundo audiovisual digo que ya era hora de encontrar algo que cambiara un poco el curso de la conversación y se encaminase a hacer de la ficción sobre la vida real algo más cercano a ella.
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