If you are not the “Lena’s kind of girl” then this is not your kind of book.

Conocí a Lena Dunham como el 90% de los mortales: cuando empecé a ver “Girls” (de la que por cierto tenéis un artículo aquí). Se puede decir que me hice fan de ella. Empecé a escucharla en entrevistas y a interesarme por su trabajo porque me parecía interesante su discurso o al menos una parte de él. Fue entonces cuando descubrí que había escrito un libro: “Not that kind of girl”.

El título ya para empezar me rechina. “No ese tipo de chica”. ¿Qué tipo de chica?, ¿por qué dar a entender que no ser “ese tipo de chica” es menos mainstream, más guay y en definitiva más válido que sí serlo? Quizá no sepa explicarlo bien pero no me gusta esa distinción. Es como hacer otra división más entre mujeres: nosotras las que no seguimos el patrón y vosotras las que sí (hacéoslo mirar).

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Lena Dunham tiene un talento innegable, y este es el de hablar de sí misma. Y con este libro en las manos me he dado cuenta de que una vez más me encontraba ante una obra tremendamente “Lenacentrista”. Si leéis sinopsis o pequeñas reseñas por ahí os dirán que es un libro sobre ser adolescente, sobre la amistad, las primeras experiencias sexuales y si habéis llegado hasta aquí yo os diré que es un libro de ella hablando sobre ella, ni más ni menos. En estas 262 páginas Lena nos cuenta qué ha sido crecer para ella, ir a campamentos de verano, cambiar de psicólogo varias veces, enfrentarse a la muerte de un ser querido, encajar en la universidad…

La manera en la que escribe me hace pensar que su intención es dar representación y voz, una vez más, a las mujeres, pero no a cualquier mujer, solo ” al tipo de chica Lena Dunham “. Y este tipo de chica es una mujer americana blanca, de clase media con alto grado de privilegios sociales. Esto no lo escribo con la intención de quitarle mérito o echar por tierra que se escriba sobre el tipo de mujer con el que yo me puedo sentir identificada. Ni mucho menos. Si acaso, lo escribo con la intención de que se le quite la etiqueta de libro icónico feminista porque me parece que queda muy lejos de una cosa así.

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Ciñéndome sólo al contenido y al mensaje que quiere transmitir, tengo que decir que hay partes que me han encantado. Me gusta y me parece necesario a partes iguales el esfuerzo que Lena dedica a desromantizar el sexo, las relaciones y a naturalizar, entre otros, el cuerpo femenino no normativo, los trastornos mentales y una relación tóxica o poco saludable con la comida.

Supongo que también intenta normalizar situaciones que durante durante la infancia y la adolescencia todos hemos vivido, como cambios en nuestro propio cuerpo, el entorno social, nuestra relación con la familia, nuestros sueños y esperanzas de futuro diciéndonos: “a mí también me ha pasado, a mi también me impactó oler por primera vez el sudor en mis axilas y yo también he fracasado porque es lo que te pasa cuando tienes 12, 13,o 27 años”.

Pero es precisamente en este punto en el que no consigue llegar hasta mí. Es aquí cuando empiezo a ver que más que un relato autobiográfico comienza a ser una irritante sucesión de anécdotas inverosímiles, que por supuesto, siempre protagoniza ella. Personalmente, no soporto cuando un personaje de un libro (ficticio o no) se convierte en el catalizador de todas las casualidades maravillosas y catastróficas que ocurren en las páginas. Quitando mi aversión a este tipo de personajes, me parecería bien que esto pasase si la publicidad que se le da al libro es la de “las aventuras de una adolescente sin pelos en la lengua”, pero no la de “una mujer como tú y como yo te cuenta lo que ha aprendido en su bagaje vital, que por cierto será muy similar al tuyo si tú tampoco eres ese tipo de chica”.

No me gusta que Lena Dunham sea considerada una líder del movimiento feminista cuando sólo parece querer empoderar a un sector y de una manera paternalista. No me gusta que este libro sea considerado un must del feminismo porque se hable de sexo incómodo, axilas sin depilar y kg de más. Es transgresor y necesario hablar de eso, normalizarlo, dar voz a esa realidad, que es la nuestra (la de las mujeres blancas occidentales de clase media) al fin y al cabo, pero el feminismo es más que eso y el mensaje que se da es incompleto, desde una posición de poder dentro de el ser mujer, cayendo en el simplismo, en lo cómodo y lo comercial.

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Me parece que es un libro con buena intención, pero que se queda por el camino. Quizá a mí me haya servido, me haya empoderado y me haya hecho sentir tremendamente bien con ciertos aspectos. Pero porque es su objetivo. Porque yo sí soy el tipo de chica del que habla Lena Dunham. Porque yo soy blanca, de clase media y con privilegios similares a ella. Pero no se le puede poner la banderita feminista por ello porque dejamos fuera de la ecuación al resto de mujeres y colectivos que también son el feminismo.

En definitiva: si buscas un libro entretenido con el que puedas reírte en una página y enternecerte en la siguiente, te animo a leerlo. Si buscas un libro que te cambie la vida en cuanto a la visión que tienes sobre las mujeres y su papel en la sociedad, emplea tu tiempo en otra cosa y así te evitas la decepción.

(Si se me permite otra recomendación) léelo sólo si:

– Te encanta Lena Dunham.

– No tienes ni idea de quién es Lena Dunham.

– No te importa aborrecer a Lena Dunham.

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