(Publicado primero en: https://vozparalela.es/descubre/himen-una-historia-mitologia-control-las-piernas)

Cuando nos han hablado sobre el himen, nos han mentido. Suena contundente, pero es verdad. Si preguntamos al azar por el himen, seguramente las respuestas que obtengamos lo relacionen directamente con el dolor en las primeras relaciones sexuales y con la pérdida de la virginidad. Y es normal que esto pase porque lo hemos mamado de casa, de la cultura popular y, me atrevería a decir que incluso de los libros de texto en primaria. Por supuesto, ni el dolor ni la virginidad tienen una relación necesaria con el himen, y aun así se ha formado toda una mitología alrededor de esta pequeña membrana.

Vayamos por partes:

El himen es una membrana que podemos encontrar cubriendo parcialmente la vagina de algunas mujeres, separada por uno o dos centímetros del orificio de entrada de la misma. A pesar de que la existencia del himen es conocida desde hace mucho tiempo (desde la cultura inca e incluso la griega), no hay conocimiento certero de su función biológica a día de hoy, aunque hay estudios que sugieren que podría ser una medida de protección para la vagina contra elementos como las heces, especialmente en los primeros meses de vida.

Como en todo lo que puede abarcar la sexualidad, el himen varía de mujer a mujer (entendiendo en este caso mujer como persona nacida con genitales tradicionalmente asociados a la mujer, es decir: vulva y vagina.) Hay mujeres que nacen sin himen. Hay mujeres con un himen frágil, otras con uno fuerte y duradero. No hay dos personas iguales, no hay dos hímenes iguales.

Hablando ya no solo del papel que representa el himen en nuestro cuerpo, sino en la sociedad y en la manera de entender la sexualidad, nos encontramos con los primeros mitos y mentiras. La cultura popular nos dice que el dolor durante el sexo, las primeras veces sobre todo, es doloroso porque el himen se rompe. Para empezar, el himen no tiene por qué romperse durante las primeras relaciones sexuales, no hay evidencias de causalidad necesaria entre esos dos acontecimientos, según un estudio llevado a cabo por JAMA Pediatrics. Y, en caso de dolor en las relaciones sexuales, este puede deberse a daños en el himen, sí, pero no suele ser la principal causa del dolor durante la penetración (esta suele ser la falta de lubricación que precede a pequeños desgarros en las paredes vaginales, aunque podría tratarse también de problemas de origen psicológico, vaginismo…)

Algo que es necesario entender por las implicaciones que tiene, es que el himen cambia. Con el tiempo, con las hormonas… Pero cambia. Cuando empieza a ser dilatado con regularidad, con el tiempo se vuelve más flexible, más moldeable y, por tanto, menos notorio. Las hormonas también influyen en esta pequeña membrana: a medida que nos acercamos a la edad adulta (alrededor de los 25 años) el himen suele tender a atrofiarse y replegarse. Un estudio, publicado en Journal of Pediatric and Adolescent Gynecology, dio a conocer que las mujeres jóvenes, tras entrar en la pubertad, presentan una membrana himenal con un mayor grosor y con tendencia a plegarse, dos características diferentes a las que tiene el himen de las niñas pequeñas. Esta evolución es debida a la influencia de los estrógenos que actúan directamente en su elasticidad y grosor. De esta manera, fruto de la dilatación o del paso del tiempo, se vuelve cada vez más difícil notar la presencia del himen. Por supuesto, que esta membrana sufra daños no es imposible, pero eso no tiene que ser dado necesariamente por la penetración, sino que exámenes vaginales, el uso de tampones, o incluso la práctica de deportes también pueden ocasionar fisuras.

Como ya he apuntado, no hay evidencia de la funcionalidad biológica de esta membrana, pero la cultura popular ha conseguido atribuirle características, mitos, prejuicios, culpabilidad y una serie de atributos que están estrechísimamente relacionados con un principio fundamental de la sociedad patriarcal: el control de la mujer.

Nuestros antepasados vieron que había una membrana en el inicio de la vagina y pensaron: barrera. Y a esa barrera le dieron la importante misión de dar las “evidencias” (ya hemos visto que no es así) de que una mujer había perdido la virginidad. El chivato de la vagina. Desde que tenemos conocimiento, la valía, honra y dignidad de la mujer han estado siempre ligadas a su sexualidad. La pérdida de la virginidad, conducía inevitablemente a la pérdida también de esa valía, honra y dignidad.

Y no solo eso, suponía además una lacra que tendría que soportar su familia, más concretamente su futuro marido y su padre, porque la presencia del himen tradicionalmente ha representado la exclusividad del cuerpo de una mujer de cara al hombre que en ese momento la posea. En la niñez, al padre por ser el sustento, y a partir del matrimonio, al marido por ser el sustento también. Las mujeres han pasado siempre de manos masculinas en manos masculinas como una propiedad.

Esto es lo que un himen no visible o perforado implicaba décadas o siglos atrás. En ciertas culturas, situaciones o escenarios de hoy en día, la situación no ha cambiado tanto. El simple hecho de que visualmente el himen pueda o no aparecer, a una mujer le puede suponer la credibilidad ante una violación, cómo es valorada por la sociedad, el repudio de su familia o incluso la muerte. En ciertos lugares de África todavía se practica la infibulación a niñas cuya edad suele estar por debajo de los 8 años. Esta práctica consiste en una ablación del clítoris practicada por una curandera, sin anestesia, y un posterior cierre permanente de la vagina. La vagina queda con una pequeña abertura para permitir la evacuación de fluidos, pudiendo ser reabierta completamente en caso de matrimonio o parto. De esta manera se pretende preservar la virginidad y el himen de las mujeres, a la vez que las privan de la posibilidad de experimentar placer sexual. No solo en África, en Indonesia también se practica un examen de reconocimiento para comprobar la presencia del himen sin daños como muestra de virginidad. Lo alarmante de esta prueba, lejos de lo que implica de por sí, es que se hace como requisito para ingresar en el cuerpo de policía.

Infibulación

Esta mitología que rodea al himen no acaba aquí. Es tan importante, tan relevante y condicionante para la vida de algunas mujeres hoy en día, que las operaciones de reconstrucción de himen no son meras ofertas anecdóticas, hay una demanda consistente. Esta práctica que ya aparece documentada en La Celestina en el S.XV (el personaje es popular por “restaurar el virgo a vírgenes ya corruptas”), se vuelve particularmente popular antes de las bodas, para demostrar al hombre, y en algunos casos a las familias, la virginidad de la mujer. En España, el precio para este tipo de operación ronda los 2.500€.

Si no hay posibilidad de acceder a una reconstrucción de himen, hay alternativas: a día de hoy también se comercializa el himen falso. Este producto tiene una importante demanda en China, pero ha sido prohibido por las autoridades por resultar peligroso debido a sus componentes. Por su naturaleza y lo que ello comporta, en ciertos países islámicos, la comercialización de este producto está penada con la muerte.

Himen-falso

Este himen falso no es más que una membrana artificial de consistencia gelatinosa que desprende un líquido rojo similar a la sangre y que permite crear la sensación de sangrado por rotura del himen durante la penetración. De esta manera, el hombre queda tranquilo por haber sido el primero, y ella se asegura de preservar su dignidad y, en algunos casos, también su vida.

Intervenciones y productos como estos no hacen más que respaldar y perpetuar todos los mitos que han crecido alrededor del himen. Esto solo subraya el desconocimiento y la tradición sexista que subyace más allá de toda esta mitología. Médicamente hablando, no hay diferencia alguna entre tener himen (perforado o no) o no tenerlo. A nivel de sociedad, cuando nos paramos a pensar lo que puede suponer a una mujer en alguna de las situaciones mencionadas antes, la premisa cambia. Esta actividad tuvo, tiene y seguirá teniendo demanda mientras la honra o valía de una mujer dependa de lo que pasa entre sus piernas. A su vez, mientras estos conceptos vayan ligados, las mujeres verán inevitablemente condicionadas sus maneras de relacionarse y experimentar su sexualidad.

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