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(Publicada primero en Voz Paralela)

Por supuesto. También nosotros nos unimos a hablar de la que está siendo la serie del momento. Del fin de semana, al menos. Y es que no es para menos. 190 países pueden disfrutar desde el 28 de abril de la primera producción española para Netflix, plataforma que ya cuenta con casi 100 millones de usuarios.

Es una serie ambientada en finales de los años 20, y si en algo se lleva la palma es en la reproducción de la estética de la época. Tanto el vestuario como la peluquería o la ambientación son de calidad más que notable y están cuidados al detalle, añadiéndole a la serie aún más calidad audiovisual de la que de por sí presenta. A pesar de esto, los espectadores coinciden casi con unanimidad en que patinaron con la elección de la música.

 

 

 

La música es una de las cosas que descolocan de esta serie. Que se pretenda autoproclamar feminista y se venda como tal, es la otra.

Para empezar, se supone que el eje de la trama es la amistad que se crea entre los cuatro personajes femeninos principales, pero esto no es tal, quedando su relación reducida a un complemento que apoya las tramas centrales. Al final, acaban siendo los negocios, el devenir de la Compañía (lugar donde trabajan los personajes) y los líos amorosos los elementos que sostienen el peso de la historia. De hecho, solo bastan 20 minutos del primer capítulo para que presenten la relación amorosa en la que triagulará (y nunca mejor dicho) la trama principal de la serie.

La serie intenta ser narrada desde los ojos de una mujer, y la variedad de personajes femeninos hace posible que se vean las necesidades de los mismos desde contextos diferentes, así como batallas personales que, aunque diferentes, no dejan de estar unidas por un mismo núcleo: el machismo. Con el paso de los capítulos se visibilizan problemas cotidianos de las mujeres como la sexualización, el maltrato físico, verbal y psicológico, la menospreciación de su trabajo… pero realmente el peso de las tramas principales es sostenido por hombres. Las mujeres son partícipes, sí, pero no toman las riendas en la mayoría de los casos. Esto ha supuesto una decepción porque la serie fue promocionada, en palabras de Ana Fernández, una de las actrices, como un espacio donde las mujeres ya no son solo hijas, madres o esposas, sino que tienen un papel propio.

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La emancipación y empoderamiento de la mujer que en aquella época se demandaba aparece, pero como telón de fondo, como queja en boca de los hombres y solo representada de verdad en dos personajes femeninos. Resulta particularmente anecdótico, que una de las mujeres que acude a charlas en pos del voto femenino, que se forma y reivindica desde el feminismo, es la de mayor posición social. Esto es una contraposición interesante, puesto que reivindica los derechos que no tiene como mujer desde los privilegios que le da su apellido. Al mismo tiempo, no deja de representar que puede luchar quien puede permitírselo, como se demuestra con el desarrollo de la trama, cuando hace uso de la influencia de su familia ante las consecuencias de participar en la lucha feminista.

Otro punto a favor en mi opinión es la inclusión de personajes trans y homosexuales (lesbianas en este caso y no excesivamente sexualizadas, gracias a Dios), así como otras maneras de entender las relaciones sentimentales fuera de la pareja monógama heterosexual.

Con la trayectoria que llevamos, parece un avance en cuanto a la introducción de contenido que pone el acento sobre las mujeres,(o al menos lo intenta), pero lo cierto es que sigue siendo insuficiente. Y esta sensación de haberse quedado corta se respalda con algunas declaraciones que han realizado el elenco de actores. Declaraciones que han incendiado las redes sociales sobre las que no voy a emitir juicio, pero que dejo aquí para que las conclusiones se saquen solas.

“Decir que ‘Las Chicas del Cable’ es feminista me parece una visión muy reduccionista de la historia” – Martiño Rivas

“Es que no es una serie sólo para el público femenino, es una serie para todo tipo de público” – Nadia de Santiago.

“Es inevitable que al final se hable de cosas como la búsqueda de la independencia, pero no con la intención de hacer una serie feminista porque ahora está de moda el feminismo” – Maggie Civantos

“Pero sí que es verdad que el machismo y todo esto se cuenta siempre a favor de la mujer. Y pienso que luego en la realidad también está el machismo pero al revés, a nivel psicológico, que he visto en muchas situaciones y dices: ‘¿Qué es lo que está bien?’. ¿Me explico? Quiero decir que siempre es en defensa de la mujer y no al revés, que puede haber un maltrato psicológico por parte de la mujer hacia el hombre, y creo que eso tampoco se cuenta. Y sí que en un futuro me gustaría ver. Que siempre el machismo se defiende hacia… y no es por ser machista, ¿me explico? Situaciones que puedan ser inversas… Me gusta que se hable de machismo, pero me gustaría que en un momento dado se dé la vuelta a la tortilla y se reflejase muchas veces de dónde surge… porque es lo típico, el hombre que pega a la mujer y hay luego otra parte en la que… cómo se llega a que una persona que no es maltratadora llegue a cruzar esa línea… ¿Qué función tiene la mujer ahí? Es una cosa de dos. Ella porque permite y él, porque decide cruzar la línea. Con lo cual los dos han cruzado la línea y están… Lo he explicado fatal” – Yon González.

Desde luego, en esta serie se han puesto muchas expectativas y también muchos recursos. El despliegue promocional ha sido digno de mención: encontrábamos carteles, banners y el tráiler allá donde fuésemos, convirtiendo incluso a las protagonistas en sucesoras de Pablo Escobar en la Puerta del Sol. Con una segunda temporada confirmada, aún es pronto para hablar de cifras y de éxito, lo que es seguro es que todo el mundo ha hablado de ello este fin de semana, y es que es un formato que gusta. No son pocos los que han visto un paralelismo evidente entre Las Chicas del Cable y Velvet, un modelo que, por otra parte, funcionó muy bien y que promete hacer lo mismo en esta ocasión.

Y es que si algo puede definir bien esta serie, lejos de feminismos y revoluciones que no son tal, es el seguimiento de la ecuación del éxito: líos amorosos, dinero, conflictos entre clases sociales y actores cotizados que hagan de tarjeta de presentación a un nivel internacional. Lo que es innegable es el éxito en lo referente a la economía por el empuje que supone para la industria española a una escala global, en lo demás quizá haya que dejar reposar esta temporada y esperar a la siguiente para ver si logran arriesgar y presentar una versión más fiel a lo que promocionan.

El himen, una historia de mitología y control entre las piernas

(Publicado primero en: https://vozparalela.es/descubre/himen-una-historia-mitologia-control-las-piernas)

Cuando nos han hablado sobre el himen, nos han mentido. Suena contundente, pero es verdad. Si preguntamos al azar por el himen, seguramente las respuestas que obtengamos lo relacionen directamente con el dolor en las primeras relaciones sexuales y con la pérdida de la virginidad. Y es normal que esto pase porque lo hemos mamado de casa, de la cultura popular y, me atrevería a decir que incluso de los libros de texto en primaria. Por supuesto, ni el dolor ni la virginidad tienen una relación necesaria con el himen, y aun así se ha formado toda una mitología alrededor de esta pequeña membrana.

Vayamos por partes:

El himen es una membrana que podemos encontrar cubriendo parcialmente la vagina de algunas mujeres, separada por uno o dos centímetros del orificio de entrada de la misma. A pesar de que la existencia del himen es conocida desde hace mucho tiempo (desde la cultura inca e incluso la griega), no hay conocimiento certero de su función biológica a día de hoy, aunque hay estudios que sugieren que podría ser una medida de protección para la vagina contra elementos como las heces, especialmente en los primeros meses de vida.

Como en todo lo que puede abarcar la sexualidad, el himen varía de mujer a mujer (entendiendo en este caso mujer como persona nacida con genitales tradicionalmente asociados a la mujer, es decir: vulva y vagina.) Hay mujeres que nacen sin himen. Hay mujeres con un himen frágil, otras con uno fuerte y duradero. No hay dos personas iguales, no hay dos hímenes iguales.

Hablando ya no solo del papel que representa el himen en nuestro cuerpo, sino en la sociedad y en la manera de entender la sexualidad, nos encontramos con los primeros mitos y mentiras. La cultura popular nos dice que el dolor durante el sexo, las primeras veces sobre todo, es doloroso porque el himen se rompe. Para empezar, el himen no tiene por qué romperse durante las primeras relaciones sexuales, no hay evidencias de causalidad necesaria entre esos dos acontecimientos, según un estudio llevado a cabo por JAMA Pediatrics. Y, en caso de dolor en las relaciones sexuales, este puede deberse a daños en el himen, sí, pero no suele ser la principal causa del dolor durante la penetración (esta suele ser la falta de lubricación que precede a pequeños desgarros en las paredes vaginales, aunque podría tratarse también de problemas de origen psicológico, vaginismo…)

Algo que es necesario entender por las implicaciones que tiene, es que el himen cambia. Con el tiempo, con las hormonas… Pero cambia. Cuando empieza a ser dilatado con regularidad, con el tiempo se vuelve más flexible, más moldeable y, por tanto, menos notorio. Las hormonas también influyen en esta pequeña membrana: a medida que nos acercamos a la edad adulta (alrededor de los 25 años) el himen suele tender a atrofiarse y replegarse. Un estudio, publicado en Journal of Pediatric and Adolescent Gynecology, dio a conocer que las mujeres jóvenes, tras entrar en la pubertad, presentan una membrana himenal con un mayor grosor y con tendencia a plegarse, dos características diferentes a las que tiene el himen de las niñas pequeñas. Esta evolución es debida a la influencia de los estrógenos que actúan directamente en su elasticidad y grosor. De esta manera, fruto de la dilatación o del paso del tiempo, se vuelve cada vez más difícil notar la presencia del himen. Por supuesto, que esta membrana sufra daños no es imposible, pero eso no tiene que ser dado necesariamente por la penetración, sino que exámenes vaginales, el uso de tampones, o incluso la práctica de deportes también pueden ocasionar fisuras.

Como ya he apuntado, no hay evidencia de la funcionalidad biológica de esta membrana, pero la cultura popular ha conseguido atribuirle características, mitos, prejuicios, culpabilidad y una serie de atributos que están estrechísimamente relacionados con un principio fundamental de la sociedad patriarcal: el control de la mujer.

Nuestros antepasados vieron que había una membrana en el inicio de la vagina y pensaron: barrera. Y a esa barrera le dieron la importante misión de dar las “evidencias” (ya hemos visto que no es así) de que una mujer había perdido la virginidad. El chivato de la vagina. Desde que tenemos conocimiento, la valía, honra y dignidad de la mujer han estado siempre ligadas a su sexualidad. La pérdida de la virginidad, conducía inevitablemente a la pérdida también de esa valía, honra y dignidad.

Y no solo eso, suponía además una lacra que tendría que soportar su familia, más concretamente su futuro marido y su padre, porque la presencia del himen tradicionalmente ha representado la exclusividad del cuerpo de una mujer de cara al hombre que en ese momento la posea. En la niñez, al padre por ser el sustento, y a partir del matrimonio, al marido por ser el sustento también. Las mujeres han pasado siempre de manos masculinas en manos masculinas como una propiedad.

Esto es lo que un himen no visible o perforado implicaba décadas o siglos atrás. En ciertas culturas, situaciones o escenarios de hoy en día, la situación no ha cambiado tanto. El simple hecho de que visualmente el himen pueda o no aparecer, a una mujer le puede suponer la credibilidad ante una violación, cómo es valorada por la sociedad, el repudio de su familia o incluso la muerte. En ciertos lugares de África todavía se practica la infibulación a niñas cuya edad suele estar por debajo de los 8 años. Esta práctica consiste en una ablación del clítoris practicada por una curandera, sin anestesia, y un posterior cierre permanente de la vagina. La vagina queda con una pequeña abertura para permitir la evacuación de fluidos, pudiendo ser reabierta completamente en caso de matrimonio o parto. De esta manera se pretende preservar la virginidad y el himen de las mujeres, a la vez que las privan de la posibilidad de experimentar placer sexual. No solo en África, en Indonesia también se practica un examen de reconocimiento para comprobar la presencia del himen sin daños como muestra de virginidad. Lo alarmante de esta prueba, lejos de lo que implica de por sí, es que se hace como requisito para ingresar en el cuerpo de policía.

Infibulación

Esta mitología que rodea al himen no acaba aquí. Es tan importante, tan relevante y condicionante para la vida de algunas mujeres hoy en día, que las operaciones de reconstrucción de himen no son meras ofertas anecdóticas, hay una demanda consistente. Esta práctica que ya aparece documentada en La Celestina en el S.XV (el personaje es popular por “restaurar el virgo a vírgenes ya corruptas”), se vuelve particularmente popular antes de las bodas, para demostrar al hombre, y en algunos casos a las familias, la virginidad de la mujer. En España, el precio para este tipo de operación ronda los 2.500€.

Si no hay posibilidad de acceder a una reconstrucción de himen, hay alternativas: a día de hoy también se comercializa el himen falso. Este producto tiene una importante demanda en China, pero ha sido prohibido por las autoridades por resultar peligroso debido a sus componentes. Por su naturaleza y lo que ello comporta, en ciertos países islámicos, la comercialización de este producto está penada con la muerte.

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Este himen falso no es más que una membrana artificial de consistencia gelatinosa que desprende un líquido rojo similar a la sangre y que permite crear la sensación de sangrado por rotura del himen durante la penetración. De esta manera, el hombre queda tranquilo por haber sido el primero, y ella se asegura de preservar su dignidad y, en algunos casos, también su vida.

Intervenciones y productos como estos no hacen más que respaldar y perpetuar todos los mitos que han crecido alrededor del himen. Esto solo subraya el desconocimiento y la tradición sexista que subyace más allá de toda esta mitología. Médicamente hablando, no hay diferencia alguna entre tener himen (perforado o no) o no tenerlo. A nivel de sociedad, cuando nos paramos a pensar lo que puede suponer a una mujer en alguna de las situaciones mencionadas antes, la premisa cambia. Esta actividad tuvo, tiene y seguirá teniendo demanda mientras la honra o valía de una mujer dependa de lo que pasa entre sus piernas. A su vez, mientras estos conceptos vayan ligados, las mujeres verán inevitablemente condicionadas sus maneras de relacionarse y experimentar su sexualidad.

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Porno: la industria que se mete en tu cama y te dice que lo haces todo mal

La primera vez que un chico metió la mano en mi ropa interior de lo último que me preocupé fue de que no iba depilada. Ojalá todas pudiésemos hacer la misma afirmación hoy.

En mi caso, en una adolescencia tardía, era una cosa que ni se me había pasado por la cabeza. Pensándolo con distancia supongo que a él le pudo resultar hasta molesto, desagradable. Inesperado con mucha probabilidad. Yo ni si quiera pensé que el vello podía resultar molesto ni mucho menos una sorpresa a esa edad, porque asumía que todos lo teníamos. La diferencia es que él había visto la suficiente pornografía como para dejarse de ese tipo de asunciones y yo, aún no.

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Not that kind of girl – Lena Dunham

If you are not the “Lena’s kind of girl” then this is not your kind of book.

Conocí a Lena Dunham como el 90% de los mortales: cuando empecé a ver “Girls” (de la que por cierto tenéis un artículo aquí). Se puede decir que me hice fan de ella. Empecé a escucharla en entrevistas y a interesarme por su trabajo porque me parecía interesante su discurso o al menos una parte de él. Fue entonces cuando descubrí que había escrito un libro: “Not that kind of girl”.

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Cuando Facebook considera que un parto es pornografía.

Angela Gallo es una doula y fotógrafa de partos australiana. Una doula, para que nos entendamos, es una mujer que proporciona información, apoyo físico y emocional a las mujeres durante el embarazo, el parto y el posparto. Su labor consiste en acompañar a las mujeres durante el camino hacia la maternidad y además captura con su cámara los momentos más emocionantes del alumbramiento, dando también asistencia a los partos que se deciden llevar a cabo fuera de un hospital. Continue reading “Cuando Facebook considera que un parto es pornografía.”

Girls, la voz de una generación.

Más o menos, pero todo el mundo ha oído hablar de Girls. Podríamos definirla como la versión desnatada (y un poco más de barrio) de la archifamosa “Sexo en Nueva York”. Es, sin andarnos con muchos rodeos, una serie sobre un grupo de amigas que viven en Nueva York con las que descubrimos que significa ser mujer hoy. Pero no cualquier mujer y en cualquier circunstancia, no. Lo que significa ser una mujer blanca, joven, heterosexual, de clase media y en Nueva York, nada menos. Continue reading “Girls, la voz de una generación.”

Una unidad de “cascos azules” compuesta sólo por mujeres para frenar las violaciones en Haití

En 2010, un terremoto asoló Haití dejando a su paso alrededor de 200.000 muertes, según las autoridades del país. Las pérdidas no fueron sólo personales. A día de hoy los daños en las infraestructuras aún no han sido subsanados y la situación económica de extrema pobreza no ha hecho más que empeorar, siendo clasificada por algunos medios como “caso perdido”. Por si no fuese suficientemente problemático el contexto, entre la suciedad, la miseria y la falta de recursos de los campamentos donde se encuentra realojada la población, el acoso sexual, que ya era el pan de cada día, se ha recrudecido convirtiéndose en otro factor de riesgo para las mujeres de esa parte de la isla. Continue reading “Una unidad de “cascos azules” compuesta sólo por mujeres para frenar las violaciones en Haití”

Empezar a explicarlo.

No sé cómo empezar a explicar algo para lo que no tengo una referencia previa. No sé cómo explicar que veo el futuro en unas manos, en un “no te preocupes que ya lo hago yo” mientras enjuago los restos de tomate de la sartén. No sé cómo explicar que si la felicidad fuese un material, se hubiese derramado en cantidades industriales por las baldosas de la cocina mientras bailábamos con Sinatra de fondo. Continue reading “Empezar a explicarlo.”

Feminízate.

Aprovechando que tengo esto muy abandonado y que últimamente tengo muchas ganas de escribir, aunque no sea una entrada especialmente creativa, sí que me apetecía compartir con vosotros algo que quizá encontréis útil.

Llevo un par de semanas matriculada en un curso de sensibilización en igualdad de género, y aprovechando que el Día Internacional de las Mujeres ha sido hace poquito, quería hablaros un poco de él por si os interesa el tema. Continue reading “Feminízate.”

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